viernes, 17 de marzo de 2017

Mi nombre es Maya

¿Alguna vez han estado en la Ciudad Universitaria? Es, probablemente, uno de mis lugares favoritos de toda Caracas. Aunque los tiempos hayan cambiado bastante, todavía se puede respirar paz por “tierra de nadie”, ahí te desconectas de todos los problemas y preocupaciones que tengas. Todos los días estoy por esta casa de estudio, observando cada pequeño detalle que me regala. Antes de hablarte de mí recorrido diario me presento, mi nombre es Maya y soy una de los tantos seres que aman a la UCV. 

Nunca tengo un horario fijo de llegada, lo que sí puedo asegurar es que todos los días de la semana paso por la universidad. La conozco tanto que sé que cuando no hay una larga cola de estudiantes en los alrededores es porque el comedor no pudo abrir ese día, ya sea por las calderas dañadas, estén fumigando o porque no llegaron los alimentos. ¡Vaya que es complicado andar por la vida sin poder comer nada! En ocasiones, debo recorrer todo el campus para tratar de conseguir algo que me de energías para seguir con mi tour. Afortunadamente, siempre logro resolver.

Uno de los lugares que no me gusta tanto es el Hospital Universitario. Casi que por obligación debo pasar por ahí y ver a muchas personas tristes por sus familiares. Pero el desconsuelo no es lo único que se observa, gente humilde y trabajadora están desde tempranas horas tratando de ganarse un dinerito. Está la señora que vende café, los “abuelitos” que tienen su puestico de chucherías o, inclusive, los malhumorados taxistas, todos ellos dan muestras que en la ciudad universitaria existen seres con deseos de progresar.

Bueno, mejor demos vuelta y regresemos a mis zonas preferidas. Ya a estas alturas deberían saber que la UCV tiene esculturas por todas partes; La Cultura en Plaza Rectorado, El Pastor de las Nubes en Plaza Cubierta, es un museo en espacio abierto, fabuloso ¿no creen? El reloj marca las 2:05 de la tarde y lastimosamente el chichero no vino a trabajar hoy, pero no importa porque no iba a comprar nada, no puedo, solo les quería comentar que no pueden dejar pasar esa rica oportunidad de probar la famosa chicha de la Plaza del Rectorado.

Una de las mejores vistas que puede tener la universidad es en el estadio Olímpico. Con el Ávila al norte y parte de la ciudad al sur, nunca me canso de recorrer este lugar, siempre lo hago antes de irme, pues es el punto de partida perfecto para mí. Ya con la brújula dirigida y con mi próximo destino en mente, vuelvo a desplegar mis alas para seguir surcando los cielos de caraqueños. No hay mejor manera de ver mi ciudad desde las alturas, al fin y al cabo, soy una guacamaya.

4 comentarios:

  1. El cuento te va llevando en un recorrido imaginario increible, el hecho de que hablarás todo el tiempo de una “guacamaya", dieras sólo señales y lo dijeras al final hace que el relato se quede grabado en el lector. El juego de preguntas da una conexión estupenda. Muy buena la idea.

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  2. Es un cuento muy creativo, el final fue ingenioso me encanto que te refirieras a una guacamaya, ya que ellas forman parte del campus universitario. Cada párrafo tiene un objetivo y están bien desarrollados.

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  3. Esta muy buena la historia, me encanta como cuidas la sideas principales de cada párrafo, delimitandola y desarrollandola posteriormente. En uno de los párrafo creo que hay un error con la palabra cultura, quizás la intención era escultura, no estoy segura. Tienes una gran imaginación, sigue adelante.

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  4. Esta muy buena la historia, me encanta como cuidas la sideas principales de cada párrafo, delimitandola y desarrollandola posteriormente. En uno de los párrafo creo que hay un error con la palabra cultura, quizás la intención era escultura, no estoy segura. Tienes una gran imaginación, sigue adelante.

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